Los primeros meses de vida de un bebé son los más importantes, porque es cuando se generan sus primeros pasos de aprendizaje para enfrentarse a la vida diaria. Es por ello que es bueno estimularlo de alguna manera, tanto dentro como fuera de casa.

Los padres son el principal estimulante

En realidad, el principal estimulante de un bebé son sus padres. Jugar para un bebé es sinónimo de hacer cosas con los padres, y por ello son estos los encargados de realizar los estímulos del mismo.

Para comenzar, al tener al bebé en brazos es donde se tendría que comenzar a realizar los primeros estímulos del pequeño. Estando en brazos es como los bebés comienzan a reconocer la voz de los padres, identificar su olor, sentir su calor… todos estos estímulos son los que provocan que el bebé sienta curiosidad por el mundo. Muchos son defensores de no tener demasiado tiempo al bebé en brazos, pero lo cierto es que es algo que a los bebés les gusta y les ayuda a aprender. Hacer pequeños juegos con él mientras se le tiene en brazos, como auparlo, reírse con él o hacerle caras es algo que les encantará.

Entre 16 y 17 horas es el tiempo que pasan los bebés durmiendo en la cuna, y poco a poco van reduciéndolo. Es durante ese tiempo que pasan despiertos cuando hay que estimularlos de alguna forma mientras estén en la cuna. El método más clásico es el uso de móviles con música, para desarrollar sentido del oído de la vista. Pero también es bueno darles peluches, para estimular su sentido del tacto o juguetes de goma para bebés, para que puedan notar diferentes tactos y, también, fortalezcan sus dientes cuando empiecen a crecerle. Es recomendable cambiarle los juguetes de la cuna, eligiendo siempre los más recomendables para tu hijo, de vez en cuando, para que perciban diferentes formas y diferentes sensaciones.

La hora del baño es un recreo para muchos niños. Una vez están en el agua, comienzan a sentir cosas nuevas. Para ellos, estar en brazos de su mamá o su papá les da seguridad cuando se vayan juntos, pero al meterse solos, es todo un mundo nuevo que resulta como un festival para sus sentidos. Aprenden a chapotear, a identificar los sonidos que hace el agua cuando la golpean o como se va formando la espuma con el jabón. Por ello es bueno dejarlos observar a su vera cuando están dentro del agua.

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