Es curiosa la relación que establecemos con los alimentos, hasta el punto de admitir que hay ingredientes o platos que siempre hemos odiado y otros que, aunque fueron rechazados durante años, ahora son altamente apreciados por nosotros.

Pero si piensas que es solo una cuestión de paladar te equivocas, pues aquí el gran responsable es nuestro cerebro. Eso revelan recientes investigaciones a cargo de la Universidad de Oxford y lideradas por el doctor Charles Spence, y es que para este órgano los estímulos son de gran importancia, hasta el punto de determinar que es nuestro cerebro y no nuestro paladar quien realmente nos hace disfrutar de la comida.

La comida nos estimula más de lo que pensamos

El lóbulo temporal occipital es el encargado de las emociones relacionadas con el sentido del gusto, y cuando probamos algo cuyo sabor, textura y sensación nos agrada, los neurotransmisores de nuestro cerebro envían una señal positiva a esta área: ¡esto está riquísimo!

Así es como acabamos diciendo que nos apasiona el sushi o que adoramos la carne cocinada al punto. Pero también ocurre lo contrario, si lo que percibimos al comer es interpretado por nosotros como desagradable, nuestro cerebro enviará rápidamente el mensaje y entonces acabaremos diciendo “esto definitivamente no me gusta”.

La comida crea emociones, es por ello que todo lo que ocurre cuando comemos influye notablemente en que un plato o alimento concreto nos guste más que otro. Esta información ha sido ampliamente usada por los chefs más reconocidos del mundo, quienes saben que comer es un placer que no solo está vinculado al sabor sino también a toda la experiencia visual, aromática y de sensaciones que experimentamos al hacerlo.

La próxima vez que no te guste algo de lo que comes, ya sabes a quien culpar.

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