Martin Scorsese no suele dejar indiferente a nadie con sus películas, y ésta no es una excepción. DiCaprio se mete en la piel de Jordan Belfort, un corredor de bolsa que empieza de la nada y acaba siendo uno de los nombres más sonados de Wall Street. En las oficinas de su empresa priman la codicia, los excesos y las excentricidades, donde el desenfreno no tiene fin. Scorsese no se queda corto a la hora de reflejar este particular mundo donde el sexo, el lujo, el alcohol y las drogas se han impuesto como los mandamientos intocables para todo aquel que quiera formar parte de esta peculiar familia empresarial dirigida por Jordan Belfort.

El Lobo de Wall Street está basado en hechos reales

Pero a pesar de que más de una escena pueda parecer sacada de la peculiar y fantástica mente cineasta de Scorsese, la verdad es que la película está basada en las memorias de Jordan Belfort, y trata de reproducir lo mejor posible su ascenso a la cima, aunque evidentemente con pinceladas artísticas aportadas por el director y por la genial interpretación de DiCaprio que hizo méritos para llevarse la estatuilla del Óscar (aunque no lo consiguiese otra vez). Hay una buena cantidad de escenas que seguramente quedarán guardadas en la memoria de los que han disfrutado con este film. Y es que esta cinta reúne todos los ingredientes necesarios para ser una obra de culto de aquí a unos años.

De modo que para todos aquellos que no tengan problemas en visualizar un largometraje de tres horas de una película cargada de escenas explícitas y lenguaje salido de tono, se encontrarán además con un trasfondo que trata de relatar como el ser humano puede llegar a límites insospechados de codicia una vez se adentra de lleno en la carrera por conseguir enriquecerse a cualquier precio. Bienvenidos a la locura de Wall Street.

 

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