Padres hijos de los noviosNo es un trabalenguas, es una realidad cada vez más habitual que en una boda estén presentes los padres y también los hijos de los contrayentes.

Echando mano del cancionero español, me atrevo a decir que “hoy los tiempos adelantan que es una barbaridad” pero también proclamo sin duda alguna que “ningún tiempo pasado fue mejor”. ¿Y por qué digo todo esto? Pues porque es indudable que el cambio de mentalidad de nuestra sociedad ha propiciado lo que pocos años atrás hubiésemos creído impracticable, y es la presencia en la boda de, al menos, tres generaciones: los padres, los hijos y los nietos.

No puede haber mayor alegría. ¿A quién no le hubiera gustado estar en la boda de sus padres? Pero, aún siendo esta circunstancia una maravilla, si se da el caso, no debemos olvidar la relevancia emocional y social que representa para un padre o una madre ver casar a sus hijos y para éstos, la importancia que tiene contar con la presencia de los padres en su boda.

La realidad actual es que las parejas cada vez contraéis matrimonio más tarde, lo que provoca, en algunos casos, que pueda estar ausente uno de los progenitores. De darse esta circunstancia, nuestro consejo es el de afrontar este hecho con valentía y no obviarlo en ningún caso, sino al contrario, convertir la fiesta en un motivo más de homenaje para esa persona tan amada.

En cualquiera de los casos, tanto los padres como los hijos de los cónyuges, e incluso los abuelos, pueden y deben participar en el enlace de forma muy significativa en la ceremonia nupcial. La fórmula dependerá de la edad, de sus capacidades y del grado de participación que pensáis que pueden tener sin ponerles en un aprieto. Como ya hemos dicho en alguna ocasión, las lágrimas en una boda sólo deben aflorar por la emoción o por la alegría de compartir momentos tan especiales.

Leer textos que hayan escrito ellos mismos o con ayuda de familiares puede ser una fórmula muy bonita. En otras ocasiones la familia al completo prepara una proyecciónsobre la vida de los cónyuges, en la que incluyen fotografías del álbum familiar. Esta es una opción que también pueden preparar los propios novios, como elemento de sorpresa y de homenaje a sus padres, a sus hijos, o sus abuelos.

Los niños siempre pueden acompañar a mamá cuando hace su entrada con el abuelito, ollevar las arras, o simplemente colocarse al lado de sus padres en el momento del consentimiento.

Como novedad, el año pasado se presentó en el Catálogo-Revista de la Feria de 1001 Bodas, la “Ceremonia de la luz”, un acto incluido dentro de la boda cuyo objetivo es dar paso a la participación directa de los padres en el consentimiento de sus hijos.

Durante el banquete es muy habitual hacer entrega a las madres de ambos cónyuges de sendos ramos de flores. Y los niños pueden jugar un papel fundamental a la hora de repartir el recuerdo de boda.

Por último, no olvidéis bailar de forma preferente tanto con vuestros padres como con vuestros hijos, o los abuelos, siempre que os sea posible, seguro que os agradecerán este detalle.

Y si no consideráis oportuna una participación directa, siempre sería importante reservarles un lugar predominante tanto en la ceremonia como en el ágape posterior.

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